Lo que se recibe en la página de Karit a cerca de nosotros.
Quiero dejar constancia de que esto me produce cierta rojez en las mejillas, a mi y creo que a todos los socios de Karit Quart de Poblet y es que es muy conmovedor, emocionante y hasta halagador leer todo lo que se está escribiendo en el Foro de Karit de Madrid, por ello desde la timidez, tan solo me queda daros las gracias a todos, y no es que hayamos puesto el listón alto, que va, cada uno ofrece lo que tiene y eso no es ni más ni menos lo que nosotros hicimos, pedimos … se nos dio, tan solo para ofrecer a Karit lo mejor que teníamos en nuestras ganas en nuestro corazón, el Padre José Luís estaba presente, eso lo tenemos claro … él fue el que hizo que todo fuera un éxito, pero estoy completamente seguro de que cualquier delegación que lo organice otra vez, volverá a ser un éxito, porque así lo vivió él.
También hay que decir que el éxito de esta Asamblea fue vuestra masiva presencia.
Os dejo con los comentarios que se han recogido últimamente.:
ASAMBLEA DE KARIT EN QUART DE POBLET
Razón de vuestra esperanza
Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza (1Pe 3,15)
Ha sido la primera vez que he asistido a una asamblea general de Karit y es cierto que ha sido un gozo participar de esta reunión, gustando de la acogida, la organización, las sorpresas, las experiencias y de todas las atenciones recibidas.
No quiero entrar en todos los detalles que han dado como resultado ese regustillo que aún me queda en el corazón y en el paladar desde este fin de semana, pero no puedo por menos dejar constancia de mi agradecimiento a la Delegación de Quart de Poblet y a las Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón por su cariño y sus desvelos en organizar este evento: ¡habéis puesto el listón muy alto!
Aprovechando la ocasión que me brinda el Foro de Karit, si quisiera clarificar el sentido y la razón de mi pregunta a nuestra querida Susana, tras exponer su experiencia de su misión en Kenia (a la cual no puedo por menos de agradecer su intervención y pedirle disculpas por si hubiera sonado a algo inquisitivo y disonante), porque creo que no la expliqué convenientemente y en consecuencia no se entendió bien:
La pregunta decía: ¿te ha cuestionado alguien, a título personal, por qué haces tú esas cosas?
Esta pregunta, en el fondo, no estaba exclusivamente dirigida a Susana, sino a todos los que han dado su experiencia del voluntariado internacional y, por qué no decirlo, a todos los que de una u otra forma compartimos Karit.
En la mañana, en el turno de las propuestas, se habían debatido, al hablar del voluntariado internacional, las condiciones que deberían cumplir tales voluntarios, viéndose, entre otras, la posibilidad de requerir su condición de ser católicos, llegándose al acuerdo de que, no solo no era precisa dicha condición, sino que podría ser muy beneficioso, para el voluntario no católico, su participación en tales misiones, ya que, además de realizar un bien humanitario, podría brindar la oportunidad de recibir el don de la fe.
Y esta es la cuestión que a mí me ha movido para asociarme a Karit: la fe, mi fe pequeñita en Jesucristo.
En mi pobre experiencia, y en la de mis mayores en este camino de búsqueda de lo trascendente, he visto que lo único que salva al hombre, que cura el corazón insaciable del hombre, es su encuentro con el Amor, con la Verdad, con la Vida... con Jesucristo.
Este es el principio que me ha movido a pertenecer a Karit, y no a otra cualquiera de tantas ONGs existentes en nuestra sociedad.
Porque a la vista está todo nuestro mundo desarrollado, dispone de todo lo que en bienestar puede necesitar y apetecer, en cualesquiera de los campos que imaginemos: vivienda, comunicaciones, educación, atención sanitaria, ocio, etc. y no por ello ese mundo es feliz, más bien al contrario, yo diría que en él se encuentra otro tipo de pobreza, la que no se puede paliar con todo el oro del mundo, la pobreza que provoca la separación de Dios, de la que habla el salmo 115:
Plata y oro son sus ídolos,
obra de la mano del hombre.
Tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen,
tienen nariz y no huelen.
Tienen manos y no palpan,
tienen pies y no caminan,
tienen garganta sin voz.
¡Sean como ellos los que los hacen,
los que en ellos ponen su confianza!
No es oportuno hablar aquí de cómo esa separación de Dios está incidiendo en la separación del hombre de sus semejantes y de los designios de Dios para con el hombre, pero sí de resaltar que también a este mundo lo ama Dios y está totalmente necesitado de Verdad y de Amor.
Como dice S. Pablo (1Cor 4,7), llevamos este tesoro en vasos de barro, y sobre eso quiero llamar la atención, sin por ello querer sentar cátedra ni constituirme en un salvador, ni en un redentor de nadie, pero no quiero dejar de destacar este carácter que puede conferir un bien muy superior a todos los bienes imaginables, que Dios nos ha otorgado a nosotros, como un don de otro nivel, no solamente para nuestro gozo y disfrute, sino, en nuestra debilidad, para hacer partícipes de este bien a los demás.
Y ahí esta el don de la fe, en la gratuidad, sin imposiciones, sin coacciones, con ese amor de Dios al hombre en el que respeta los tiempos, es más que, da a cada cual su momento, su oportunidad. A eso lo llamamos misericordia de Dios, con la acepción que esta palabra tiene en hebreo: sus raíces están en la palabra ra’hamim, que hace referencia al seno materno, donde se crea una nueva criatura, un hombre nuevo, de otra galaxia, de otro orden. Ese hombre nuevo, es fruto de la Pascua de Jesucristo que en estos días aún estamos celebrando. Es el hombre restituido a la naturaleza de Dios, que es capaz, por el don recibido, de vivir en las mismas condiciones que les “ha tocado vivir” a los demás hombres, pasando por encima de ellas, como Pedro anduvo sobre las aguas, y esta habilitado para amar a su enemigo.
Ese es otro orden de cosas, ese es el tesoro que llevamos en nuestra vasija de barro, que nos hace portadores de una gracia inmensa, de la que muchas veces, por el polvo del camino, por atender a otras músicas, o por lo que sea, no somos conscientes que va con nosotros.
Por todo ello, considerando a esos países subyugados por el subdesarrollo, en los que, por ser los preferidos de Dios, nos dan “sopas con honda” a cuantos pretenderíamos hablarles de fraternidad o de solidaridad, y a nuestro mundo occidental, que apartándose de Dios y del hombre, está constituyendo la soledad y la negación del ser, creo necesario resaltar la necesidad de poner a su disposición, en la medida que Dios quiera, ese tesoro de la fe en Jesucristo, tanto a unos como a otros.
Es claro para cada uno de nosotros que ese tesoro desequilibra la balanza de la comparación de nuestra ONG con cualquier otra no católica, por ello evocando al versículo de la primera epístola de S. Pedro y, con todas la salvedades antes indicadas, entiendo que, tanto a título individual como de organización, debemos estar preparados para darles el tesoro, para dar razón de nuestra esperanza a todo aquel que así lo requiera.
Nuestras misiones, nuestros proyectos, nuestras ayudas, no son sino un reflejo del amor que Dios ha tenido con nosotros, con los beneficiarios y con todo el mundo que nos rodea en nuestros quehaceres cotidianos.
Nuestra participación, los bienes materiales que están aportándose desde instituciones o desde particulares, están sobre una bandeja preciosa: el Amor de Dios en Jesucristo.
VICTOR JOSÉ GALLEGO JIMENEZ
---------------------------------------------------------------------------
GRACIAS JOSÉ LUÍS
Creo que todos pudísteis sentir que en la última Asamblea de Quart de Poblet había "algo especial". No lo digo sólo por la estupenda organización y todas las dádivas de la Delegación anfitriona sino por ese espíritu que invadía las votaciones, las propuestas, las comunicaciones.
He sentido una fuerza especial, una disponibilidad de todos ante las responsabilidades, una alegría en las respuestas, no hay más que ver la foto de la nueva Junta Directiva en la sección de "solo socios", que antes nunca había sentido en una Asamblea. Creo que eso es la fuerza de la fe que nos anima. Luego vendrán los pormenores, los documentos, los informes, las actividades, las campañas... todo lo que constituye la vida diaria de Karit; que quizá nos desgaste, nos desanime, no nos salga como queremos..., pero la fuerza y la fe que destilaba la Asamblea nos da pistas para juzgar que estamos en el buen camino, aunque hay que ser conscientes de que estamos en camino.
Gracias José Luis, tú sembraste, tu creíste en este proyecto, tu caminaste y arriesgaste con esa forma tan carmelitana de estar "en medio del pueblo", sin protagonismos, dejando hacer y orientando, poniendo una voz de ánimo o de corrección donde correspondía. Gracías por el camino que marcaste y que hoy nosotros continuamos, gracias por el apoyo que hoy sigues dando, ¿de donde,sino, viene toda esa fuerza de la Asamblea última? Esperemos no defraudar tu camino, tu luz y tu guía.
Un socio
